El instrumento de que se vale la oligarquía para conservar y difundir su pensamiento de clase, es la pequeño-burguesía [...]. La clase media no tiene política propia. [...]
En los países coloniales, un estado psicológico común en vastas capas intelectuales de la clase media, es su deseo de no informarse sobre la cuestión nacional que les inspira una repulsa instintiva y la sospecha que todo libro nacional es "nacionalista". De esta manera por gradación lógica insensible, el análisis del imperialismo que parte de la cuestión nacional es fascismo, en tanto que el anti-imperialismo referido al mundo en general, que es forma vacía de contenido histórico concreto, pensamiento avanzado, revolucionario y progresista. Esta abstracción frente al país responde a intereses materiales comprobables. Cuando los intelectuales de izquierda se refugian en la tribuna elevada de la cátedra, en la 'investigación científica', en el seminario, en verdad, reflejan la posición misma de la clase media que se aparta de la lucha cuando su ajuste transitorio a la sociedad hace innecesarias sus protestas larvadas de clase dependiente. Es lo que hay de irresoluto y falso en ellos mismos, como asalariados intelectuales de la clase dominante, lo que los lleva, al servicio de esa clase, a falsificar la historia, la literatura, la visión del país. En todo pensamiento de clase hay una raíz económica. Por eso la ideología del intelectual de la clase media es solidaria con la clase que paga sus servicios y de la que, en el orden cultural, es un mero agregado económico.
Diversos en su composición económica, divididos en estratos, los miembros de las clases medias, por su misma inestabilidad económica, son elementos pasivos e intermediarios de la clase gobernante. Es solamente en las épocas de rápidos cambios sociales, al subvertirse el antiguo orden jerárquico de la sociedad, cuando la pequeño-burguesía amenazada en su relativa seguridad material y en su opaca vida espiritual, abraza posiciones revolucionarias. Al peligrar su status económico la conciencia fluctuante de la clase media se fragmenta ideológicamente según sus diversas capas componentes. En tales momentos de agitación su pensamiento muestra las contradicciones reales de su ideología, la base social de su pensamiento y experimenta el sentimiento temeroso de su aislamiento entre la clase alta a cuyo ideal de vida aspira y la clase baja a la que teme descender. Al alterarse las condiciones materiales de su existencia entra en un período de confusión ideológica. Duda, entonces, de las tradiciones culturales de la clase dirigente en las que ha sido educada, percibe que las instituciones sociales que le parecían, a través de la educación recibida, lo más sólido de la vida colectiva, no responden a sus representaciones mentales ni a sus intereses específicos de clase intermedia. Incapaz de definirse, de conducir a término y con decisión un movimiento revolucionario, es el colchón amortiguador entre las dos clases verdaderamente revolucionarias, la burguesía y el proletariado y marcha políticamente a la deriva de ellas. Se convierte entonces en masa bien vestida, en la llorona de un mundo perturbado. En el orden intelectual la gente de clase media, a través de ataduras invisibles, administra la cultura de la clase gobernante. Su dependencia material le quita toda libertad y un sordo descontento la obliga a refugiarse en un idealismo ético -el socialismo burgués por ejemplo- que en el fondo oculta su impotencia revolucionaria.

J.J.H.A.

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